La belleza del arrabal – Entrevista al autor venezolano Vicente Ulive

En el evento « Livres en Lumières », celebrado el sábado 28 de septiembre en Ferney Voltaire, tuvimos la suerte de contar en el stand de Encuentro de Dos Mundos con el escritor venezolano, afincado en París, Vicente Ulive.

Vicente irradia simpatía, una curiosidad infinita y un gran amor por la literatura y la música que nos transmitió a lo largo de la entrevista.

Vamos a empezar desde el principio ya que pasas tu infancia en Londres. ¿Cómo es tu descubrimiento de joven lector de la literatura inglesa?

Fue una muy buena experiencia y creo que parte de mi amor por los libros viene de ese periodo. La educación era individualizada, cada niño tenía una biblioteca y después cuando regresamos a Venezuela ya no tuvimos eso. Yo leía mucho a una autora que era famosa en Inglaterra, Enid Blyton, pero que en mi país no se conocía.

Terminada la secundaria, haces múltiples estudios en los campos más variados: psicología, música, filosofía. Has hecho también cortometrajes. Por otra parte, tus orígenes son muy diversos: uruguayo, alemán, italiano… ¿Cómo influye de manera consciente eso en tu mirada de escritor hacia el mundo?

De manera consciente te diría que para mí una base fundamental en lo que yo trato de escribir es la música, la musicalidad y la sonoridad de las voces; hago mucho trabajo intentando explotar el lenguaje y claro, pienso que las cosas se fueron encadenando. Cuando hice filosofía del lenguaje que era la parte que más me interesaba lo orienté hacia ello: la relación entre las palabras y las imágenes que tienes en la cabeza, eso siempre me fascinó y creo que no hay una sola forma de acceder a ese conocimiento. Luego está también la parte no verbal en la cual entra la música. Entonces todo supongo que se conjuga para tratar de dar una especie de mirada en la forma en que escribo.

¿Por qué decides venir a Francia? Voy a contar la anécdota humorística que te he oído contar, si me lo permites. En Venezuela, cuando tu estudiabas, la gente seguía un modelo muy americanizado y le interesaba la apariencia, el dinero y lo menos glamuroso era un joven que te hablaba de filosofía y tú, en cambio, sabías que en la Francia de Sartre, el filósofo poco agraciado tenía mucho éxito con las mujeres y te decías: ”Bueno si él con ese físico triunfaba, yo puedo hacerlo mejor con las chicas…”

(Risas) Yo estudié psicología social en Venezuela. En mi época era ya una carrera devaluada éramos 5, estábamos muy unidos y muy influenciados por los autores franceses, mal llamados postmodernos como Jean François Lyotard, Jacques Derrida, Jean Baudrillard, Foucault, etc. y entonces había dos posibilidades: ir a Francia o ir a Alemania que es donde estaban los otros autores que nos interesaban Nietzsche, Heidelberg y el objetivo era irme lo más lejos de un ambiente que yo consideraba como la mediocridad latente en el círculo en que me movía yo y una forma de sacarte de encima a las personas mediocres es ir a un país donde hablaran otra lengua. Cuando la gente empezó a emigrar se fue a EE.UU. o a España. Yo ya hablaba inglés, entonces mi idea era ir a Francia, formarme, aprender francés y todas esas cosas y volverme para ser profesor en Venezuela.

¿Cómo es la experiencia de vida que tienes en París y el choque cultural? Según he leído fue una especie de síndrome de París pero aplicado al mundo artístico.

Sí, fue para mí un choque impresionante en el buen sentido. Recuerdo que salí, yo vivía en Barbès y quería estar fuera, en el bar sobre todo, porque eso te dicen que tiene que hacer un escritor, ir a un bar y por otro lado quería aprender francés, entonces recuerdo una de las primeras veces que me preguntaron qué hacía y respondí una tesis, cuando yo decía eso en Venezuela las personas salían corriendo lo más lejos posible y la persona se interesó, me preguntó más detalles y empezó a llamar a más gente “ eh ven acá que este pana está haciendo una tesis de ….” Entonces me digo guau qué increíble, creo que estoy en el sitio en el que tenía que estar. La otra anécdota interesante es que como joven pendenciero e ilusionado cuando vine a París fui a la Ecole des Hautes Études. Le había escrito una carta a Jacques Derrida y quise verlo pero me sacaron a patadas, me preguntaron ¿quién es usted y qué quiere? y yo dije en un francés espantoso que le había escrito una nota toda mala, llena de errores explicándole la tesis que yo había hecho en Venezuela para que el tipo se impresionara. Me dijeron que no podía verlo y que ellos le darían la nota. La puse en un sobre y me fui a mi casa a esperar que Jacques Derrida me llamara. Yo siempre he escrito en español y quería hacer un ejercicio escribiendo en francés. Sabes, todo el mundo cree que es Milan Kundera, yo quería hacer una novelita y me dije, mi francés no es tan bueno como el de Marcel Proust o el de Céline, entonces vamos a hacer una novelita que esté en primera persona y en pasado simple. La escribí, no me sentí muy bien con el texto y la engaveté. Entretanto, publicaron Caracas cruzada en Venezuela. Al libro le fue bastante bien y de pronto apareció Tarek Ode que es un fotógrafo canario bastante famoso y nos hicimos amigos. Trabajamos en un proyecto juntos y me habló de una editorial que estaba buscando texto para publicar. Mi texto en francés le parecía muy interesante y me puse a traducirlo pero en vez de traducirlo lo reescribí y lo publicó en España. Yo me dije paso a otra cosa, nunca se publicará en francés y luego un amigo que estaba estudiando literatura en Normale Sup, me dijo “yo quiero ayudarte” y me ayudó a corregir la traducción en francés, nos reunimos por la noche durante mucho tiempo y empecé a enviarlo a las editoriales y después fue publicada. Eso fue en 2008.

Tu novela Historias de un arrabal parisino (en francés se publicó como Histoires d’un ghetto parisien) está ambientada en Barbès, esto me ha hecho pensar en las novelas de Pennac ambientadas en Belleville. ¿Son los barrios populares los más interesantes desde el punto de la ficción novelesca?

Son los barrios más interesantes desde el punto de vista de la creación artística independiente, que vamos perdiendo poco a poco debido a nuestro aburguesamiento, a la gentrificación de la ciudad. Una de las cosas que me hizo escribir la novela es que yo llegué a Paris con la idea de que toda la ciudad era un gran hervidero cultural y donde la gente estaba haciendo poesía, pintando, haciendo fotos y luego me di cuenta de que no, que el París al que llegué yo era una megalópolis ultracapitalista que tenía estos “bolsillos” uno de ellos era Barbès y hoy en día yo diría que son el barrio 18, el 19 y el 20 y luego Montreuil. Estos barrios que están vivos, en donde la gente se presta a crear porque son baratos porque puedes existir y vivir y porque tienen esa comprensión de lo que estás intentando hacer.

Háblanos de uno de los personajes entrañables de tu novela: José, el cubano.

Sí, paradójicamente ese es uno de los personajes que está menos exagerado del libro. Es un personaje muy estrafalario que conocí en Barbès, en las noches cuando bailábamos salsa y teníamos discusiones larguísimas sobre ella; éramos él, yo y un chileno que también inspiró uno de los personajes del libro y nos la pasábamos así. Esta persona era muy mayor, tenía unos 65 años, pero era como un joven empedernido y tenía dreadlocks pero como se estaba quedando calvo se ponía un pañuelo para taparse el principio de la calvicie y siempre tenía los atuendos más extraños. Fue muy buen amigo y me enseñó mucho.

Hay una frase que te he oído “la forma en la que uno habla y la música que escucha predestina la manera de ver el mundo”.

La idea no es radicalmente innovadora, viene de Wittgenstein, el filósofo austríaco que yo leí mucho y que es mi filósofo de cabecera y él dice que los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo. Es la noción de que no puedes pensar sin lenguaje, y este va a predestinar la forma en la que veas el mundo. Entonces en Caracas cruzada, mi novela que se publicó en Venezuela en 2004, hay 4 personajes. cada uno tiene un lenguaje distinto y cada uno ve la ciudad de forma distinta: hay unos personajes que son delincuentes que van a hablar con el argot venezolano pero hay uno que es un niño rico de la clase alta caraqueña y va a hablar en primera persona porque es él lo importante. Siempre menciona las cosas que le pasan a él

¿Y la música?

Para mí es una religión, es absolutamente fundamental y para volver a Wittgenstein, cuando ves su vida en el fondo lo que le interesaba es lo que estaba fuera del lenguaje, de hecho hizo sus tratados y se fue durante décadas, se interesó por el misticismo, por ejemplo. Entonces para mí la música es una manera de conectar con esa cosa no lingüística que hoy en día es lo que más me interesa en mi vida; me encanta escribir y la literatura pero desde el punto de vista vital lo que me motiva es la parte paralingüística.

Hablemos un poco de Venezuela. ¿Cómo en un país donde falta de todo, la cultura, los artistas y la creatividad pueden seguir funcionando?

Porque funcionan como una válvula de escape, entonces una de las diferencias, entre otros autores y yo, aunque no me guste hablar de mí porque suena arrogante, es que yo trato el tema político. Está presente en una novela que escribí que se llama Yo maté a Simón Bolívar y en la que trataba de entender lo que pasó en el 2002 cuando Chávez sale del poder y vuelve 2 días más tarde. Siempre me pareció pernicioso el hecho de que la sociedad esté dividida y cuando yo empecé a investigar porque quería saber lo que había pasado, conseguí información que corroboraba lo que estaba diciendo la oposición y lo que decía el chavismo y entonces dije voy a hacer la novela dos veces y la escribí dos veces, una desde el punto de vista del chavismo y la otra del de la oposición y los puse uno contra otro como un manga japonés. En el fondo es mostrar que Venezuela son los dos lados. No es un lado que tiene que destruir a otro sino que tiene que reunirlos. Ese libro no le interesó a nadie (risas) pero lo comprendo. La escritura en Venezuela tiene mucho de evasión, los escritores venezolanos, me van a matar cuando lean esto, siento que tiene mucho de impronta de literatura argentina. Escriben en Caracas como si estuvieran en BB.AA en 1980. Pero no hay mucha gente que integre esa dimensión política.

¿Cómo ves el panorama de nuevos escritores latinoamericanos y a quienes sigues particularmente?

Creo que hay cosas muy interesantes, pero yo estoy influenciado por autores franceses y norteamericanos, obviamente Derrida desde el punto de vista filosófico, Proust, también los americanos respecto al trabajo del lenguaje. También sigo a escritores amigos míos que no son conocidos. Creo que los escritores somos muy vanidosos y por eso es raro ver escritores que se lleven bien. Yo siempre he sido un outsider alejado de todo.

Ahora me gustaría preguntarte como observador y filósofo sobre fenómenos como el reguetón, que vehiculan muchas veces una sexualidad machista. ¿Cómo valoras eso?

A mí siempre me ha parecido que las mujeres son el motor cultural del mundo. Son ellas las que deciden lo que los hombres van a escuchar, estoy hablando de gente a la que no le gusta realmente la música sino que escucha solo la radio. Ese movimiento lo llevan las mujeres y me parece que ellas tienen la clave para poder cambiar todo. El día que las mujeres decidan, bueno esto es una entelequia, que no van a prestar más atención al tipo que tiene un todo terreno y que está cambiando a cada rato de teléfono y que digan: “bueno, ahora nos gusta gente como Jean Paul Sartre” entonces los hombres se pondrán a leer filosofía….(risas)

¿En qué país de Europa un venezolano del mundo artístico por su idiosincrasia podría sentirse más a gusto, encontrar hábitats que le corresponden?

Te diría Berlín. Cuando la visité con mi esposa, vi la ciudad que tenía en la cabeza cuando llegué a París. Era en 2008. Era una ciudad accesible, con sed artística y donde todo el mundo estaba haciendo cosas. Me recuerda algo que decía Nietzsche sobre la segunda consideración intempestiva de que tienes que ir con la historia hacia adelante, están tan aterrados con lo que les ocurrió con el nazismo que lo que les interesa es cualquier propuesta con tal de que no sea nazi. Mientras que en París la creación está aplastada por la historia y volvemos a Nietzsche. Es algo así como ¿Tú quieres escribir? Pero ¿Cómo vas a escribir si tenemos a Proust? ¿Quieres pintar? Pero ¿Cómo vas a pintar si tenemos a Monet? Es decir, no puedes hacer nada solo contemplar. Berlín te da mucha más libertad. Hoy en día los artistas están yendo más a Rumanía y a Budapest.

¿Cuál es tu relación ahora con París?

Tengo esa relación de amor odio que tenemos todos los parisinos. El problema es que está lleno de franceses (risas). Aparte de eso es la ciudad más adorable del mundo. El problema es la actitud de la gente que está hacinada allí y que te amarga la vida. Yo trato de llevarlo de buena manera y ser un poco el samurái budista, el tipo que irradia compasión y ayuda a los demás que es lo que trato de hacer cuando me encuentro bien. Pero es muy difícil. Tengo esa paradoja que tenemos los urbanitas de querer irnos al campo, pero luego me digo, tú estás loco, a ti te gusta el cine, la literatura, el bar….

Vicente ¿Cuáles son proyectos para el futuro?

Tengo varios. Justamente para volver tema político venezolano estoy terminando de escribir en una novela desde el punto de vista policial. El primer tomo ya está terminado, lo estoy moviendo y estoy ya finalizando el segundo. Básicamente era hacer lo que yo pudiera desde la literatura para entender mi mundo y aportar algo. El primero se llama Perico exprés y es sobre el tráfico de cocaína en las fuerzas armadas venezolanas. Trata de un periodista español que va a ir a Venezuela. Es algo que me contaron y corroboré. A la gente que consume cocaína le ofrecían paquetes turísticos, el estilo: tú pagas 10.000 dólares te llevamos a Caracas, no te va a pasar nada, te llevamos a un hotel, todo está pagado, te encierran en el hotel y te traemos mujeres, güisqui y cocaína. Quería explotar eso y su vínculo con las fuerzas armadas y el último es sobre el circuito que había de esconder terroristas de Hezbolá en Venezuela, que también sucedió y se llama Los peces del Guaire, río que divide Caracas en dos. Es el río al que van a parar todos los excrementos de la ciudad y me parecía una buena metáfora.

Muchísimas gracias por haber estado con nosotros y mucha suerte en tus proyectos.

 

Rosa Sánchez

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Para aquellos lectores que quieran descubrir la obra de Vicente Ulive, dejamos algunas referencias.

 

Caracas cruzada : el solfeo de Caracas, (Fundación Editorial Perro y Rana), (ISBN 9789803963729) (es)

Historias de un arrabal parisino, (Ediciones Idea), (ISBN 9788496740822) (es)

Yo maté a Simón Bolívar, (CreateSpace Independent Publishing Platform), (ISBN 978-1460907948) (es)

Histoires d’un ghetto parisien, Kirographaires Editions, (ISBN 978-2917680230) (fr).